ARTÍCULO DE OPINIÓN

EN DEFENSA DEL SINDICALISMO. 1ª parte: “Liberados sindicales”

Hace unos días, en una comida con unos amigos, surgió como tema de conversación todo lo que se esta comentando en todos los foros sobre sindicatos, ya que dos de los presentes son lo que se puede denominar “pequeños empresarios” con negocios que emplean a un nº determinado de trabajadores.

En numerosas ocasiones utilizaron el término “liberados sindicales”, el cual ya es tristemente utilizado de forma indiscriminada para denominar a cualquier trabajador que realiza tareas sindicales, el cual ha sido manipulado tanto por la prensa, como por el gobierno, como por los empresarios y por la oposición, semanas antes de la huelga general del 29-S para desacreditar la labor de los sindicatos, y deslegitimar el papel que desempeñan los representantes de los trabajadores. Una clara propulsora de este término fue Esperanza Aguirre, haciendo gala de una intención inequívoca de tergiversación de esta figura y que sirvió para confundir a una gran parte de la población.

La expresión “liberados sindicales” produce la impresión de que se exime incondicionalmente de todos los deberes laborales. Se es liberado de trabajar, en el sentido de que durante unas horas no se acude al puesto de trabajo; pero no de todas las obligaciones derivadas del contrato. Y se es liberado para algo, para desempeñar funciones de representación relacionadas con el cargo que se ocupa.

El coste de esta disponibilidad lo asume el empleador, pero solo respecto de las horas reconocidas como crédito salarial; y cualquier sindicalista sabe que su actividad no conoce horarios ni fines de semana, que nadie retribuye. El crédito horario está reconocido en nuestras leyes laborales, que fijan un mínimo de horas, calculado en función de las dimensiones de la empresa, que deberán ser reconocidas necesariamente a estos representantes. Luego cabe la mejora, el reconocimiento de un mayor volumen de horas retribuidas, que se logra a través de la negociación colectiva con los empleadores, cuyo concurso es en todo caso necesario para que se produzca (este es el caso de lo ocurrido en la Comunidad de Madrid, pero que no menciono la “señora” anteriormente, ya que seguro que esta parte del mensaje no la interesaba).

Pero es también lo que pasa en todas las Administraciones públicas, sean del color que sean, y en muchas empresas privadas. Esta es la verdad sobre los liberados y liberadas; lo mejor que puede hacerse al respecto es asegurar la transparencia en el uso de esta figura, que se conozca su número y su trabajo, para poder ser justos en su valoración, y no entrar en juicios de valor creados únicamente por el rumor y el desconocimiento de los hechos. Práctica esta última muy extendida en este sector, y que como en el caso de nuestra empresa es utilizado para desacreditar a trabajadores que quieren realizar esta labor sindical ya que no interesa que alcancen ningún tipo de logro colectivo, porque hay muchos interesados en que el sistema siga igual.

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